redes sociales y derecho del ciudadano

Redes sociales: el combate legal contra la impunidad del anonimato.

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Las Redes Sociales están siendo motivo de absoluta revolución. En todos los órdenes sociales: el mercado, ve cómo sus productos triunfan o fracasan en función de lo que las personas valoran y opinan sobre él en las redes sociales; las elecciones se ganan o pierden en los timelines antes que en las urnas; los cambios y transformaciones sociales se vertebran en Twitter antes que en las escuelas; los niños que sufren acoso en el aula, lo tienen que aguantar también en su tablón de Instagram; él único currículum válido es lo desarrollado que tienes tu perfil de LinkedIn; los programas de televisión miden sus audiencias por los tweets y hashtags que colocan como tendencia… ¿seguimos?

Si nos damos cuenta, las redes sociales son la sociedad en sí misma, pero digitalizada e hiperconectada. Pero son la sociedad misma. La gente que hay en las redes sociales es la que se sube con nosotros al metro; hace cola el domingo en la churrería o te echa una mano a subir la última en el gimnasio. En las redes sociales se hereda lo mejor de la sociedad: se colabora en búsquedas de niños cuando desaparecen; se llena de felicitaciones onomásticas; se traslada el pésame y apoyo a personas que lo pasan mal; se mandan las mejores vibraciones cuando hay catástrofes naturales; se crean campañas de incentivo y apoyo; se difunden las mejores ideas…

Pero la red social también hereda lo peor de la sociedad: acoso, insultos gratuitos; expresiones cargadas de odio; difamaciones; enaltecimiento de los peores atributos humanos; pornografía; vanalización de la persona; materialismo radical; estafas; suplantación de identidades; difusión de falsas informaciones; crédito a la rumorología… La lista es interminable.

El delito en redes sociales tiene tres rasgos comportamentales que llaman poderosamente la atención:

  • Anonimato. Si me llamo Carlos Pérez no tengo tanto “arrojo” para decir según qué barbaridades; pero en redes puedo ser “chamakito23” o “cp23111987″ y poner de foto de perfil la caricatura de un oso panda, y desde esa tapadera puedo verter en la red todo tipo de improperios y afirmaciones de escaso gusto.
  • Secreto. Muy ligado con lo anterior (y reconociendo que a veces tiene más que ver con el campo de la psicología que con el jurídico) está la diferencia de comportamiento abismal entre delincuentes de la red social cuando actúan en la sociedad real y cuando lo hacen en la virtual. Personas con un puesto de trabajo de responsabilidad y de trato exquisito, son capaces en la red de emitir mensajes degradantes, sexistas, ofensivos, cargados de odio… muy alejados de su comportamiento social ¿Por qué? La respuesta, probablemente esté en el siguiente rasgo:
  • Impunidad o sensación de impunidad. El —nadie nos está mirando— de la vida real se lleva a su máxima expresión en la red, pero quien comete un delito sabe que lo está haciendo, la prueba es que no sería capaz de repetir ese comportamiento en la sociedad real por miedo (a represalias legales o a que te aplaudan la cara). En las Redes Sociales se ha creado la sensación de que todavía no están muy reguladas; de que hay cierto vacío legal… y eso genera o bien impunidad o bien sensación de impunidad que anima a la comisión de todo tipo de atropellos.

DERECHO AL HONOR Y LA INTIMIDAD

—Mi libertad termina donde empieza la del otro—, nos decían nuestras madres cuando éramos pequeños pero empezábamos a tener conciencia propia de nuestra personalidad jurídica y en tanto que sujetos de derecho. En la vida Online pasa igual. ¿Tenemos derecho a expresar nuestras ideas? Naturalmente que sí: artículos como 20-1-a) de la Constitución Española o el art. 10 del Convenio Europeo de Derechos Humanos reconocen al individuo para el que se aplican y rigen la Libertad de Expresión en lo que a sus propias ideas, pensamientos, opiniones y credos concierne. Incluso ampara a aquellos que pueden suscitar controversia (ya que la opinión contraria se podrá defender en las mismas condiciones amparada por la misma norma). Lo que no abriga es la ofensa. Es decir, puedo decir lo que pienso, puedo decir que pienso de forma distinta a la tuya, puedo exponer argumentos y hechos a favor y en contra en sendas posturas… pero no puedo degradarte ni menoscabar tu forma de pensar porque existe otro Derecho, el del Honor, la Intimidad y la propia imagen (art. 18 de la Constitución Española y Ley Orgánica 1/1982) que merece ser respetado tanto como la Libertad de Expresión. En Redes Sociales ocurre exactamente igual. Se puede opinar pero no se puede insultar.

El Derecho a la Intimidad Personal y Familiar es sin lugar a duda, una de las áreas sensibles del debate en torno a la regulación legal del mundo online. Las personas y las familias tienen derecho a marcar una frontera (que no siempre se hace con éxito, pero esto vuelve a ser objeto de diálogo con la comunidad de psicólogos) entre la información que de ellos aparece en la red y la que queda para la estricta intimidad. Es decir, que no podremos publicar fotografías, datos ni nada de las personas que no nos hayan autorizado a hacerlo. Atención, ni aun cuando son ciertas. Veamos un ejemplo:

Supongamos que se organiza una barbacoa en casa. Vienen todos los primos y traen a sus pequeños. Hacemos fotografías. Queremos recordar ese feliz encuentro por muchos años pero no podemos subir esas fotos a nuestro Facebook ¿Vinieron mis primos? Sí. ¿Trajeron ellos a sus hijos? Sí. ¿Nos hicimos fotografías? Sí. Todo es cierto. ¿Dieron su consentimiento explícito a que esas fotografías se colgaran en la red social? No. Entonces, aun cuando es verdad que todo esto sucedió, no podemos publicar esas imágenes porque pertenecen a la intimidad de esas personas y quedaría expuesta sin mediar su consentimiento.

REDES SOCIALES Y MENORES:

Los menores están en las redes sociales. La red es un paralelo de la misma vida social, una continuación. Decirle a nuestro hijo que no las use es como pedirle que no salga a la calle porque como la red, también está llena de peligros. Pero unos padres responsables, saben dónde está su hijo menor en cada momento: lo dejé en el colegio, está en inglés, hasta las seis no sale de baloncesto, juega con Antonio en su casa y en un rato lo recojo… Libertad y disfrute combinado sabiamente con responsabilidad y asistencia paterna. En las redes (en tanto que paralelo de la misma sociedad) tiene que ocurrir igual. El niño entra en Twitter o Facebook, pero se habilitarán apps de control parental, se abrirá la cuenta con él/ella para asegurarnos de que se indica a Facebook qué edad real tiene (y qué contenidos no debe ver) etc para cumplir con lo que recoge la norma —no se puede perturbar su correcto desarrollo físico, mental y moral—.

Atendiendo a lo expuesto: la necesaria tutela de la información a la que se exponen y que pueden compartir en redes (defendida así en la Carta Magna); está prohibido recabar datos de menores de catorce años sin autorización de sus padres o tutores legales correspondientes  tal como marca el art.13 del Reglamento de desarrollo de la Ley Orgánica 15/1999. El parasol legal es el mismo: su derecho al Honor, a la Intimidad, la propia imagen… pero se acreceta debidamente en la especial vulnerabilidad que el ordenamiento jurídico reconoce a los menores.

CONCLUSIÓN

Para dibujar el corolario de todo lo que aquí se recoge, podremos concluir que las redes sociales son una “novedad” que se ha asentado en el uso social a una velocidad muy superior al del proceso legislativo (siempre condicionado a propuestas, proyectos, debates, refrendos, redacciones, aprobaciones…) lo que en cierta medida le confiere cierta sensación de vacío legal. Pero no es real sentir esa pulsión, porque muchas sentencias están poniendo contra las cuerdas a haters, acosadores y demás miembros del peor sustrato cibersocial. Cárcel, multas, sanciones administrativas… ponen de manifiesto que, si no se nos puede acosar, insultar, maltratar y tantas otras cosas en la calle, tampoco se puede hacer tras un ridículo nickname (nombre de usuario) en un dispositivo. Detrás de Internet hay personas y por eso hay un sujeto de derecho y un sujeto de obligaciones y de condenas.

 

Un artículo de Álvaro Sánchez para Despacho Jurídico Díaz de Magdalena.