ley de segunda oportunidad

Luces y sombras de la ley de segunda oportunidad para empresas insolventes

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Trabajar por cuenta propia se ha convertido para muchos españoles en la última opción laboralmente hablando. Los riesgos, la inseguridad, el coste y las consecuencias de una posible aventura empresarial fallida son las principales razones. Sin embargo vivir en una sociedad del bienestar con determinadas coberturas de forma estable como la sanidad o la educación y un cuerpo de profesionales estatales en continuo crecimiento, necesita de un entramado empresarial que goce de buena salud.

Respaldar a los pequeños emprendedores y empresarios ha sido desde el inicio, la principal preocupación y objetivo de la Ley de Segunda Oportunidad que vio la luz en 2015. Pero ¿qué conocemos de ella? ¿Cuáles son los puntos más frágiles sobre los que se debería seguir trabajando? En el Despacho Díaz de Magdalena somos expertos en la cobertura y asesoramiento a pequeñas y grandes empresas que pasan por situaciones complicadas, por lo que siempre aconsejamos la prevención, la organización y la implicación de un agente externo que asesore desde los comienzos de la aventura.

Cuando a la primera las cosas no han ido bien nos solemos hacer una pregunta muy clara ¿merece la pena volver a intentarlo? En la mentalidad del empresario español esto es todavía una asignatura pendiente, solemos tender a tirar la toalla rápido, en muchos casos por agotamiento, en otros tantos por el desconocimiento a que puede existir una segunda oportunidad.

¿En qué casos podemos acceder a una segunda oportunidad según la Ley?

Si eres empresario pero también si eres autónomo. Hasta hace poco tiempo un trabajador por cuenta propia debía responder, con el propio patrimonio presente y/o adquirido a lo largo de toda su vida presente y futura, a las deudas contraídas de su marca o empresa. Sólo las empresas podían beneficiarse de desvincular su parcela personal de la profesional. La Ley de Segunda Oportunidad ofrece a cualquier ciudadano la posibilidad de hacer frente a todos sus impagos.

El interés por la resolución de una situación de morosidad es el primer paso para lograr llegar a un acuerdo extrajudicial. En él el juez establecerá un calendario de pagos de acuerdo con los acreedores, que facilitará la mediación entre todas las partes implicadas. Para llegar a este punto es necesario responder a dos situaciones clave. La primera de ellas es que como muestra de la buena predisposición y la intención de querer invertir la situación, el deudor debe hacer frente a al menos parte de la deuda con aquellos bienes que tenga y que no le sean necesarios para la ejecución de su actividad empresarial. Así mismo, el empresario tendrá la oportunidad de aportar acciones en concepto de la deuda pendiente.

Como ya se ha mencionado, el empresario tiene la oportunidad de establecer un calendario de pagos de mutuo acuerdo con sus acreedores para cerrar la deuda y que en ningún caso podrá superar los diez años. Junto a este calendario, el empresario deberá presentar un plan de viabilidad, en el que de alguna forma se acredite la posibilidad de responder a las fechas establecidas. Es este uno de los momentos clave en el que es imprescindible la presencia de un experto que plantee un plan de viabilidad real y que ayude al empresario a ejecutarlo correctamente, de lo contrario, con una estrategia fallida será imposible hacer uso de la ley de segunda oportunidad y por supuesto de sanear las cuentas. La elaboración de un plan de viabilidad al inicio en el momento de creación de la empresa logra en un 95% evitar situaciones de morosidad o cierre de negocios.

El inicio de este proceso es complejo y se hace incipiente la necesidad de contar con una figura profesional clave, el mediador concursal. Cualquier negociación siempre es dura, pero en estos casos nuestro adversario suele estar mejor preparado y parte de una situación de ventaja. En Díaz de Magdalena siempre ofrecemos la figura del mediador para lograr un acuerdo claro y sin fisuras que asegure un buen acuerdo para todas las partes. En la mayoría de las ocasiones es un proceso que dura meses, un asesoramiento profesional ligado al apoyo personal y de confianza que requieren esta toma de decisiones es fundamental. Transcurrido este tiempo no siempre se logra a un acuerdo, será entonces cuando el empresario, de la mano del mediador, podrá solicitar al juez el concurso de acreedores voluntario. Es en este momento cuando se abre un proceso por el cual podrá ser exonerada la deuda bajo el criterio de su señoría. ¿Cuándo recibirá una respuesta favorable ante una situación de solicitud de concurso de acreedores voluntaria? Solo podrá darse en el caso de que el empresario haya justificado de forma correcta que no dispone de bienes ni acciones con los que responder a la deuda y siempre y cuando el deudor haya mostrado su buena fe en el proceso para solventar la situación.

La clave está en la buena fe

Bajo el paraguas de la buena fe se encuentra la clave de que la balanza se incline hacia uno u otro lado y es que hay una línea muy estrecha entre lo que puede ser considerado objetivo y lo subjetivo. Por tanto se podrá presuponer haber actuado de buena fe siempre que se haya intentado un acuerdo extrajudicial de forma previa, no se demuestre que hay un posible alzamiento de bienes para no hacer frente a la deuda o una administración desleal, la ley de segunda oportunidad no sea usada de forma continua por el empresario como recurso rápido frente a complicaciones financieras, no sea responsable de otros delitos económicos y por supuesto el responsable no se encuentre en situación de paro laboral por voluntad propia, es decir, se haya negado a aceptar ofertas de trabajo para las que reúna las condiciones necesarias.

Cuáles son las sombras de la Ley de Segunda Oportunidad

En cualquier situación tomar decisiones tiene un coste de oportunidad y la Ley de Segunda Oportunidad no iba a ser menos, estos son los tres puntos más oscuros de esta opción empresarial:

  • Las deudas públicas, con Hacienda y la Seguridad Social, no están incluídas
  • Durante cinco años estarás dentro de una lista de morosos
  • La sentencia puede ser revocada  

¿Se puede reinvertir el resultado de la aplicación de la Ley de Segunda Oportunidad?

La respuesta es contundente, sí. La buena fe no podrá ser algo transitorio. Los acciones disponen de un plazo de cinco años desde que se exonera la deuda para demostrar, en caso de que existiese, la mala fe por parte del empresario. Esta podrá basarse en la aportación de pruebas que demuestren una actividad mediante economía sumergida o haya realizado otro tipo de actividades trampa para zafarse de la deuda contraída. Llegados a este punto el juez le impondrá de nuevo la deuda al empresario y dejará de estar vigente la Ley de Segunda Oportunidad.