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Cláusula suelo en empresas o ¿solo para consumidores?

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Vamos a abordar el tema de la Cláusula suelo en empresas. Las empresas también pueden reclamar la nulidad de las cláusulas suelo que se les apliquen en los contratos. Comprendemos que hablar en estos términos sobre la Cláusula suelo en empresas es un tanto rompedor, pero es que una reciente sentencia firme dictada en Toledo por su Audiencia Provincial ha abierto la veda a que las empresas reclamen la nulidad de su cláusula suelo tal como ocurre con los consumidores. Dicho lo cual, no es un proceso tan claro y tan sencillo, eso sí vale la pena recalcarlo.

La cláusula suelo en empresas varía con respecto al caso de los consumidores, donde adquiere pleno significado en tanto que cláusula abusiva. La abusividad (y por tanto nulidad) de estas cláusulas emana de que el consumidor no tiene los conocimientos técnicos administrativos y financieros suficientes para valorar efectivamente qué se le está tratando de hacer firmar. Eso, unido a que el banco no puede demostrar que ha informado exhaustivamente al cliente sobre las implicaciones y consecuencias de dicha cláusula contenida en su contrato hace que sean nulas.

En principio, para las empresas, a sus administradores se les presupone cierto conocimiento y grado de formación a nivel financiero, administrativo etc. Por eso es más difícil que un juez decida que hay abuso en torno a una cuestión relacionada con la cláusula suelo en empresas. 

Pero veamos algunos de los pormenores de ese pronunciamiento de la Audiencia Provincial de Toledo para entender por qué hemos dicho lo que hemos dicho. Tal como titulaba TVE en su informativo de día 1 de febrero La Audiencia de Toledo declara nulas las cláusulas suelo también si la hipoteca es de una empresa. En este caso, se trataba de un litigio entre el Banco Popular y una empresa inmobiliaria de rehabilitaciones. Para la Audiencia toledana, la relación contractual, también en este caso (empresa-empresa) se tiene que ver adecuada a “las exigencias de la buena fe y el justo equilibrio que debe presidir el desenvolvimiento de la relación contractual está reñida con la introducción de cláusulas lesivas o abusivas prevaliéndose de su posición dominante“.

Seguro que el discurso les suena mucho al de las cláusulas suelo en el caso de los consumidores. Dos rasgos nos llaman la atención: posición dominante de una parte, el banco y  actuar de buena fe.

Cláusula suelo en empresas

Se trataba de la primera sentencia en firme en España en la que se reconoce la nulidad de una cláusula suelo también cuando el hipotecado no es una persona física sino una persona jurídica, esto es, una empresa.

Ya en 2014, el Juzgado de 1ª Instancia número 2 de Talavera de la Reina falló en favor de la empresa, sin embargo el Banco Popular decidió elevar la consulta a la Audiencia Provincial por entender que una empresa se estaba acogiendo a unas condiciones de especial protección en las hipotecas que en principio están destinadas a los consumidores por entenderlos como una parte más frágil en la firma de un contrato.

La reflexión que hace la sala es que la cláusula suelo, o lo que es lo mismo, el interés mínimo aplicable del 4% en la escritura de compraventa con subrogación de la hipoteca no cumple con los requisitos de transparencia necesarios porque el banco no puede acreditar que informó expresamente al cliente sobre las condiciones financieras que estaba contratando. Sí indica, vale la pena recalcar, que formalmente la cláusula cumple en su redacción lo exigible dentro del buen hacer contractual. El defecto lo localiza en que fuera del papel, la entidad financiera tiene un deber expreso de informar muy bien al firmante sobre las condiciones que está contratando. También cuando hay una cláusula suelo en empresas.

Es muy importante llegados a este punto y vale la pena entender lo que es un contrato de adhesión. Cuando dos empresas firman un contrato, se ponen de acuerdo sobre unas condiciones -yo te doy tú me das- y lo ponen todo por escrito. Cuando todos están de acuerdo y ven colmadas todas sus aspiraciones, se firma. En este tipo de contratos los dos van igual y cada uno impone sus requisitos.

Con el banco no pasa igual. Lo que firmas es un contrato de adhesión. Como cuando un particular firma con una compañía de teléfonos o de luz que también son contratos de adhesión. Significa que ya existe un servicio con unas características. Si aceptas, firmas y lo contratas y si no, no lo firmas, pero tú no negocias nada, no impones nada. Por eso se llama de adhesión, porque tiene unas características ya dadas a las que si quieres te adhieres y si no lo dejas. Eso, a entender de todos y también de la justicia, da una posición de poder a la empresa (en este caso de la cláusula suelo) a la entidad financiera. Ya de entrada crea un desequilibrio en la relación -yo pongo las condiciones y tú pagas y punto- y por eso la ley da protección especial al consumidor, para equilibrar la balanza. Cuando la entidad financiera hace uso de otros elementos, por ejemplo el desconocimiento técnico-financiero del consumidor, vuelve a crearse un desequilibrio y por eso la ley habla de abusividad. La buena fe contractual exige que todos vayan a la mesa de negociación de una forma equilibrada para que nadie abuse de nadie.

La sentencia argumenta así la necesidad de transparencia que ha de tener la cláusula “garantizar que el cliente tiene la posibilidad real de conocer el alcance de esa limitación y, en tal caso, la forma lógica de redactar dicha cláusula debería comenzar su enunciado advirtiendo al cliente que, en todo caso, se pacta de manera expresa un tipo de interés mínimo anual del 4% […] de forma sibilina se aclara solo al final y de forma velada que el cliente no podrá beneficiarse de todas las reducciones que sufra” (el Euribor). Esto es, que si se abarata el precio de su hipoteca por una dinámica de mercado, el cliente no se puede beneficiar sin menoscabo de que si el mercado fluctúa al alza sí pagará más hipoteca. La cláusula suelo en empresas tiene el mismo mecanismo que en consumidores.

Y como colofón a la sentencia, viene a atribuir «al principio de buena fe que genera una legítima expectativa en el contrato entre las partes y que sirve para modelar el contenido del contrato, considerando que impera el principio de la buena fe frente a las cláusulas abusivas, sea o no consumidor el adherente».

Empresarios españoles, si tenéis cláusula suelo en empresas, contactad con nuestro despacho y nos ponemos en marcha. Tu empresa también tiene derechos.

despacho@diazdemagdalena.com

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